En la cima de los siete destinos

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Allí se encontraba el descomunal bárbaro; a más de dos mil metros de altura; a más de doscientos kilómetros de lo que antaño había sido su hogar y que ahora no era más que un montón de escombros y cenizas. La rabia, la ira y la sed de venganza no le impedía ser consciente de todo lo que lo rodeaba ni de la responsabilidad que recaía sobre sus hombros. De hecho era más consciente que nunca de su entorno y de su sino. El tiempo se había congelado, y trataba de saborear el momento, de disfrutar del épico escenario en el que en escasos instantes iba a acontecer el desenlace de esta historia; de su historia. Para bien o para mal.

Sobre la cima, de una superficie prácticamente circular y de escasos veinte metros de diámetro, yacía el altar del destino. Y justo al lado se alzaba con prepotencia el enorme demonio de fuego.

Publicado por soywiz el

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